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Estás en mí mente aunque cambie de libro

Recuerdo que compré esa novela romántica en marzo. Como cada uno de los libros que descansan en mí biblioteca, no sé a ciencia cierta cuando es el momento de tomarlos y leerlos. Pero algo seguro daba vueltas por mi cabeza: las ganas de leerlo en voz alta cerca de tu oído con tu cabeza cerca de la mía y tus ojos cerrados por el reflejo del sol.  Ese libro lo terminé hace una semana. Me tomó tres días dispersos en un mes. Tenía esperanzas de contarte ese párrafo bonito que había señalado y preguntarte que opinas. Esperaba en silencio y los días pasaban. Tu vida seguramente sigue por una línea paralela. Me pregunto qué estarás leyendo y qué pregunta tendrás en el borde de tu lengua.  Siempre tenías preguntas para mí. Las juntabas por temas, sabores y colores. Las ordenabas en forma progresiva pero inversa. Tus preguntas no eras rectas pero eran directas. No había nada que no escapara de tu curiosidad. Hace rato qué pienso cuántas preguntas estarás juntando. Ya son seis meses de a...

Tablas

 Todo comenzó con el recuerdo de una caja con fichas de ajedrez. Después vinieron sus palabras dulces invitándome a jugar. Tenía el temor de no poder anticipar las jugadas o simplemente el miedo de volver a perder. Sin embargo mi cabeza fue proyectando un montón de movimientos y eso me inspiraba a poder dar el salto en la realidad. Justo cuando iba a mover la pieza, me ofreció tablas. No me di cuenta que habían pasado dos meses preparando esa jugada bajo su mirada y nuestras conversaciones profundas. 

Imágenes entrelíneas

La lectura era amena. El nuevo libro prometía en su primer página una historia de amor no correspondido de una joven aficionada a la filosofía. Los renglones surcaban geométricamente con una tipografía serif los recovecos de una mente inquieta que leía cada segmento devorando cada palabra. Al cabo de una hora y media había promediado las 52 páginas. Sus ojos se agitaban en latigazos de un lado a otro de la hoja y por momentos debía volver a leer. Se perdía en una imagen paralela que se volaba de a ratos. Cómo dos mundos inmateriales que se superponían, la historia de la novela se rodaba en una parte de su mente y en otra parte ella no estaba leyendo en su habitación.  Cada tanto sentía que la golpeaba el sueño. Ella ya no se sentía dentro de sus frías cuatro paredes , sino en una tarde de sol leyendo en voz alta y con tono pausado a un otro que cebaba mates y escuchaba atento . No era crudo invierno urbano y real , sino una primavera veraniega con aroma a hierbas y el sonido de una...

Tertulia de paz y ansiedad

Voy a hablar de la paz. De esa que uno busca cuando todo fuera de ese espacio es una lista de tareas. Lo único que se necesita es una mesa de cafetería, medio rayo de sol y desplazar con la cabeza los minutos. Así se crea el espacio en el tiempo. No importa lo que pase después  Es una paz que uno abraza casi con una lágrima en los ojos. A veces no nos damos cuenta de lo bien que hace frenar y decir "quiero cambiar la vida". Enseguida la paz invita a sentarse a la ansiedad. Sabe que entró por la puerta a traer escenarios confusos que todavía no pasaron. Y la paz lo sabe. También comprende que esa ansiedad es normal por eso deja que hable hasta que sola dice "quiero quedarme con vos".  Entonces la paz le dice "déjame ser, déjame inundarte, déjame mostrarte que cuando haces una cosa a la vez hacia donde vos querés, los miedos se desvanecen" . Entonces la ansiedad se quedó pensando "y qué pasa si yo me pierdo?".  "Eso no va a pasar, pero existir...

El amor sano es un unicornio

 El amor sano no se explica. No hay palabras que puedan definir al amor tanto como cuando se siente. El amor sano es algo raro en este mundo. Es un unicornio que pasea libre y es leal a quien le acaricia con el alma.  El amor sano no tiene edades. Es un encuentro entre dos que andaban sin saber que se buscaban pero que el destino los puso frente a frente. A ver qué haces cuando lo encontrás, cuánto aprendiste de lo que sufriste. De dónde escapaste para estar en el camino y que viste cuando te vieron directo al corazón y te abrazaron tu sombra. El amor sano es una cobija con forma de abrazos cálidos; es reirse a carcajadas en la calle tomados de la mano; es abrigarse en los dedos en los bolsillos ajenos y estimular las ideas con charlas elegantes, interesantes, entretenidas, desvariadas, infinitas.  El amor sano es alegrarse que el otro llore en todos los hombros que desee y que se reuna con las personas que son afines. El amor sano es sentir cada beso como un interruptor ...

¿Dónde está la inspiración?

La respuesta más terrenal que tengo es "no sé". Nunca supe dónde duerme, yo la vi siempre dando vueltas al rededor mío. Pero sinceramente no sé dónde vive ni qué está haciendo en este momento. Tampoco se puede darle personalidad a un concepto, pero ¿qué ocurre cuando tiene tanta presencia que adquiere identidad?.  Mí inspiración no es un momento, sino una parte de mí que cuando no le gustan las condiciones de mis espacios personales simplemente se va. Me esgrime amor propio, no tanto la melancolía que piensan todos. Si vamos a la realidad, también requiere tiempo de que yo no haga nada luego de haberle dejado una pregunta. Se toma su pausa para contestar con una idea. Mí inspiración tiene sus propios días de gloria y sus zonas oscuras. Tiene ciclos y temporadas. Hay días que empuja por verme escribir y otros que me mira desde un rincón. "No es suficiente silencio" me dice. Se refiere a los pensamientos internos. "No sobre pienses" agrega. Cuando no hay esp...

Se evapora la noche

 La noche tendría que ser líquida para que algo de calor la evapore. Lo aclaro de entrada para no crear un texto lleno de expectativas y con un remate al ángulo del asombro. Sin embargo, no hace falta que la taciturna caminata de la luna en el cielo tenga matices parecidos al agua o a la tinta. Simplemente se evapora cuando las horas pasan. Entiendo que la costumbre pide que nada se resuelva en el primer párrafo pero estoy sentada entre manuscritos de estadística social, un vaso reutilizable lleno de té blanco y una lámpara que en cualquier momento me pide que confiese mis sueños. Empecé a fingir demencia a las seis de la tarde y creí que la nocturnidad me abofetearía a las 22:30 sin remordimientos. Pero pasaron 22 minutos de esa bisagra mental y todavía la noche está sólida. No me importaría caer de a poco en eufemismos complacientes para los ojos del lector que romantiza cada minuto de quien escribe. Se vive como un derrape por la colina entrando en velocidad y topándose con pied...